🕯 Cantos del Plumas Negras
Un caso de Mister Atlas y Dotty
por Arthur Rojas
“El mal no siempre grita; a veces susurra bajo tierra.”
—Mister Atlas
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Capítulo I: La Fiesta Subterránea
En una galería oculta bajo un alcornoque marchito, gusanos adolescentes celebraban una fiesta sin precedentes. Bailaban sobre hojas fermentadas de marihuana, iluminados por hongos fosforescentes y el eco grave de música vegetal. Pero la euforia se vio interrumpida cuando hallaron algo entre las sombras: el cadáver de un saltamontes que nadie había invitado.
Los gusanos lo rodearon. Dudaron. Lo miraron…
Y decidieron devorarlo.
Fue entonces cuando llegó Mister Atlas, el escarabajo detective más distinguido del subsuelo, acompañado de su aprendiz, la intrépida mariquita Dotty. El crimen debía esclarecerse… y evitar un banquete caníbal era solo el comienzo.
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Capítulo II: La Sospecha y la Sombra
La investigación reveló que el saltamontes había sido envenenado, y su muerte no era un accidente: había sido silenciado.
Dotty encontró pistas que apuntaban a uno de los gusanos anfitriones, un tal Gudrek, quien llevaba meses evadiendo los túneles del Consejo de Invertebrados por crímenes similares.
Atlas, con su sombrero pompin y monóculo impecable, sabía que las piezas aún no encajaban. Algo más grande se tejía detrás.
Y tenía plumas.
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Capítulo III: Corvus Kuvaryi
A lo lejos, desde una rama olvidada en el techo del túnel, un cuervo gigantesco los vigilaba.
Su nombre: Corvus Kuvaryi.
Su reputación: siniestra.
Se había aliado con los gusanos, no por hambre, sino por estrategia. Enviaba mensajes, removía pruebas, ofrecía protección a cambio de silencio. Su graznido era la firma del miedo.
Pero Mister Atlas no se dejaba intimidar por las sombras. Dotty, con su lupa de campo, había identificado marcas de garra en una roca cercana: el cuervo había intervenido directamente en el asesinato.
El consejo quería cerrar el caso. Pero Atlas no obedecía la comodidad.
Solo la verdad.
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Capítulo IV: El Juicio del Silencio
En un acto de infiltración arriesgada, Dotty irrumpió en la caverna de fermentación donde se procesaban las hojas de marihuana. Allí descubrió algo atroz: las hojas no eran sólo droga recreativa… eran herramientas de control.
Las hormigas bachaco habían empezado a modificar su conducta. Perdían individualidad. Se volvían obedientes. Estaban siendo adoctrinadas.
Y detrás de todo…
Belisaria.
Una antigua reina hormiga, conectada por hilos de resina a un trono viviente, que soñaba con una colonia inter-especie esclava.
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Capítulo V: La Campanilla de Viento
En la confrontación final, Atlas usó una campanilla de viento, artefacto antiguo cuya frecuencia espanta a los cuervos.
Corvus cayó del aire como un espectro sin alas, perdiéndose en lo más profundo del túnel.
Belisaria, herida por el zumbido de la verdad, fue dejada suspendida en su propia red, como un recordatorio para las generaciones futuras.
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Capítulo VI: El Sueño de Aelith
Una hormiga llamada Aelith se atrevió a hacer la pregunta prohibida:
“¿Quién soy yo?”
Y al soñar, recordó que alguna vez su especie voló.
Belisaria había suprimido esa memoria.
Pero el canto de Aelith despertó algo dormido en todas las obreras.
Y así, el silencio fue reemplazado por el susurro de alas invisibles.
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Epílogo: Bajo otra Hoja
En lo profundo, alguien más observaba el fin de Belisaria con satisfacción contenida.
No era hormiga.
No era cuervo.
Era una oruga.
Pero no cualquiera…
Se hacía llamar El Gringo,
aunque su nombre real era Eloryo Noyesi.
Mordía hojas de coca sin sufrir daño.
Y con ellas tejía el siguiente negocio.
—Nos veremos pronto, Mister Atlas —susurró en la oscuridad.
F I N
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