Cuentos Literarios A R

• “Una colección de cuentos con realismo mágico, poesía y conciencia”

Título: El Core: Donde arden las Emociones  

Autor: Arthur Rojas

 

Epígrafe:

“Dentro de cada uno hay un edificio encendido, donde las emociones conversan, discuten y aman.

“Si dejamos de escuchar, corremos el riesgo de perder la puerta de regreso.”  

 

 

Capítulo I – El Edificio Core

 

En el corazón invisible de cada ser humano hay un edificio que no aparece en los planos.

No tiene dirección postal, pero late.

Se llama Core.

 

Allí habitan las emociones.

 

No como conceptos vagos ni como ideas.

Sino como habitantes reales, con rostro, voz, carácter y espacio propio.

 

Fulgor, por ejemplo, tenía una sonrisa que iluminaba las escaleras.

Sombra caminaba en silencio, y no por miedo, sino por respeto.

Bruma vivía en la azotea, tejiendo historias que nadie sabía si eran sueños o recuerdos.

Musgo cuidaba el invernadero emocional del cuarto piso.

Maraña coleccionaba las palabras no dichas.

Astro hablaba en metáforas, y a veces en luces.

Y Alba… ah, Alba horneaba pan. Siempre pan.

 

Nadie discutía su importancia, porque todos, alguna vez, necesitaban su calor.

 

Todas sabían que ninguna era más importante que otra.

 

Pero eso no evitaba los roces.

 

El Core vibraba con desacuerdos: Sombra creía que Fulgor era demasiado ruidosa.

Fulgor pensaba que Sombra era una aguafiestas.

Bruma decía que la vida era poesía, pero Maraña le gritaba que el dolor era real.

Musgo no soportaba que nadie regara las plantas emocionales.

Y Astro estaba tan arriba que a veces parecía no escuchar a nadie.

 

Pero ahí estaban, día tras día, compartiendo espacios.

Intentando comprenderse.

Fallando.

Volviendo a intentar.

 

Hasta que una mañana, algo faltó.

 

Alba.

 

La habitación donde antes se sentía el olor a pan recién horneado estaba vacía.

 

Y con su ausencia, el Core empezó a enfriarse.

 

 

Capítulo II – La Habitación Vacía

 

La primera en notarlo fue Maraña, al no tropezar con la bandeja del desayuno.

Luego Fulgor bajó corriendo, pensando que había dormido de más.

 

—¿Y el pan? —preguntó, confundida.

 

Silencio.

 

Bruma miró hacia la cocina y murmuró:

—Esto no es bueno…

 

Las emociones comenzaron a buscar.  

Recorrieron pasillos, sótanos, la azotea.  

Nada.

 

Alba se había ido.

 

Pero más que eso:  

**Alba había sido arrebatada.**

 

 

Capítulo III – El Vacío que No Se Nombra

 

Los días pasaron.  

Luego, los días dejaron de tener nombre.

 

Sin Alba, las emociones empezaron a resquebrajarse.

 

Maraña se volvió espinosa.  

Sombra se encerró en su cuarto.  

Fulgor brillaba, pero sin dirección.  

Bruma dejó de escribir.  

Astro apagó sus constelaciones.  

Musgo olvidó regar.

 

El Core crujía.

 

Hasta que una noche, al filo del insomnio, Musgo reunió a todas.

 

—Esto no puede seguir. Alba no se fue. La arrancaron. Y yo sé quién fue.

 

Silencio.

 

—Las Redes.

 

Todas comprendieron al instante.

 

Las Redes Sociales.  

Ese enjambre de garras doradas.  

Ese palacio sin raíces que promete visibilidad pero no pertenencia.

 

Las Redes no la habían invitado.  

La habían **tomado*se.

 

 

Capítulo IV – Consejo de Crisis

 

Sombra fue la primera en aceptar la misión.  

Fulgor encendió el mapa del Camino de Retorno.  

Astro calculó la distancia emocional.  

Bruma tejió un conjuro de memoria.  

Maraña desenredó los recuerdos.  

Musgo preparó el pan que huele a casa.

 

Y así, partieron.

 

Pero sabían que el viaje no sería simple.  

No por las Redes.  

Sino porque **Alba tal vez ya no quisiera volver.**

 

 

Capítulo V – El Lugar Donde Alba Habita

 

Alba vivía ahora en un mundo de espejos y pantallas.  

Recibía notificaciones en lugar de abrazos.  

Interacciones, en vez de conversaciones.

 

Todo era brillante. Todo era inmediato.  

Pero nada tenía temperatura.

 

Y aunque a veces soñaba con pan…  

al despertar, no lo echaba de menos.  

Porque allí nadie la cuestionaba.  

Nadie la incomodaba.

 

Solo la adoraban.

 

Pero en lo más hondo de su ser,  

una pregunta seguía sin respuesta:

 

—¿Por qué, si aquí lo tengo todo, sigo sintiéndome… sola?

 

 

Capítulo VI – El Canto del Desvelo

 

La Red no gritaba. Susurraba.  

No exigía. Sugería.

 

Y cuando sintió que Alba empezaba a recordar,  

envió una nueva oleada de estímulos:  

likes, notificaciones, mensajes vacíos.

 

Y cuando eso no fue suficiente,  

envió al **Desinterés.**

 

El Core comenzó a apagarse.

 

Pero entonces, Eco —una emoción pequeña, ignorada—  

encendió una llama. Literalmente.  

Un cerillo olvidado.  

Un fuego mínimo.

 

Y recordó a todas que lo real,  

aunque pequeño,  

**puede resistir lo falso si arde con intención.**

 

 

Capítulo VII – La Llama que No Se Apaga

 

La llama de Eco despertó a Bruma, a Musgo, a Fulgor.

 

No era fuego. Era memoria.

 

La Red lo sintió.  

Y el Desinterés fue debilitado.

 

Y desde la celda dorada,  

Alba recibió la chispa.  

Y recordó quién era.

 

No por obligación.  

Sino por deseo.

 

 

Capítulo VIII – El Segundo Latido

 

Alba rompió el espejo.  

Dejó caer los filtros.  

Y eligió regresar.

 

No porque fuera rescatada,  

sino porque **se eligió**.

 

 

Capítulo IX – El Regreso

 

El Core no aplaudió.  

No celebró.

 

Solo abrió la puerta.  

Y dejó que Alba horneara pan.  

Como antes.

 

Eco habló:  

—Nunca nos fuiste del todo. Solo dejaste de escucharte.

 

 

Epílogo – La Grieta de Luz

 

En la entrada del Core, grabaron una frase:

 

“Aquí no eres perfecto.  

Aquí eres real.”

 

Y desde entonces,  

cuando una emoción se sentía perdida,  

leía esas palabras…  

y encontraba el camino de regreso.

 

**FIN**

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